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viernes, 13 de enero de 2012

Cómo va desapareciendo el "Don Juan"

Cuando somos niñas pasamos mucho tiempo pensando e imaginando cómo seremos de mayores, “A los 24 me casaré; a los 25 seré mamá, nos compraremos una casa ideal, tendremos el trabajo ideal y envejeceremos juntos, etc…”. Todo ello visualizando a nuestro propio “Don Juan”, al cuál tenemos idealizado, sin llegarnos a dar cuenta que en verdad no existe; ya no existe esa especie animal, o si aún hay alguno, está tan en desuso, que configura una especie en peligro de extinción.


Ahora lo que se “lleva” es el ligoteo como deporte. A ver quién liga más y con las más guapas. Pero la verdad es que los códigos que utilizan hombres y mujeres parecen tan distintos, que es como si estuviésemos condenados a no entendernos en este terreno; nos cuesta demasiado captar los mensajes cifrados.

La comunicación no es que sea el punto fuerte entre hombres y mujeres. El gran problema es que, a menudo, ellos no entienden las señales que les lanzamos, y lo peor de todo es, que piensan que sí lo hacen, lo que acrecienta aún más la incomunicación. Por mucho que una insista y se vuelva loca buscando la manera de captar su atención, le planteé infinitos temas de conversación, y en definitiva, se estruje los sesos para estar “ahí, al pie del cañón”, parece ser que algunos han venido a este mundo para volvernos locas a unas cuantas.

Conozco un par de casos a los que podría denominarles “ESPECIALES”, que llegan incluso a unos límites que rozan la pérdida, total y absoluta, de la cordura de una persona. Es como estar en un sin vivir; con la necesidad por bandera, de saber a diario de la otra persona, llegar a preocuparse por si en dos horas no se le ha visto on line, etc. 


Pero no tengo que irme demasiado lejos para conocer de primera mano esa terrible sensación. Lo vivo en primera persona. Es demasiado triste reconocerlo, pero por mucho que insista, tanto a mi “confidente” como a mí misma, no puedo engañarme y decir que no sigo sumergida en una espiral de confusión y necesidad de…..,constante.

A ello se une la gran variedad de hombres con los que nos podemos encontrar. Y es algo comprobado, el que siempre nos sentimos atraídas por los que más difícil o inaccesible nos lo ponen. Es como automático. Será que ya venimos de fábrica así. Si uno te da calabazas, tú, ahí; si otro te dice que sólo como amigos (además de ser lo peor que te podría haber dicho), tú, sigues manteniendo la esperanza; por eso dicen que es lo último que hay que perder.

Lo que está claro es que, no comprendernos los unos a los otros, está destrozando el ligoteo. Ya no hablamos como antes; nos saltamos el rito del tirón, y vamos directamente al grano, improvisando, si es necesario. Lo que  por otro lado también es positivo, porque la originalidad y espontaneidad, fortalecen los lazos, pero…… ¿a quién no le gusta que le cortejen?

Aunque cada vez más, las mujeres optamos por renunciar a ese príncipe  azul y encontrar a un buen lobo, y si es "feroz" mucho mejor.


Io*




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